Reflexión con Silvio y trago(Extracto del libro Cannes 2)

Noxrecomendable

Y es verdad —para qué negarlo—: me llega al pincho que Silvio haya llenado cuatro fechas en Chile, y puede que una quinta. Cuatro, cinco… como si allá todavía supieran cantar en voz alta lo que otros apenas se atreven a pensar. Mientras aquí —aquí donde también alguna vez creímos— no llenamos ni una. Ni en un recinto pequeño. Ni siquiera en nombre de la nostalgia.

A Johannes le duele más.
Ayer gritó como si pudiera cambiar algo con la rabia: llamó muertos de hambre a los indiferentes, tontos a los que no entienden, carentes de maduración a los que prefieren cualquier playlist antes que una trova.

Yo, en su defensa, no tengo nada que decir.
Porque lo entiendo, aunque no lo excuse. Porque también me da rabia que en Lima, en 2013, solo fuimos unos diez mil a ver a Silvio en la explanada del Monumental. Diez mil entre millones. Y fue hermoso, sí, pero supo a poco. A resistencia. A minoría.

Mientras que en Santiago, Silvio es multitud.
En 2018 llenó tres veces el Movistar Arena. Doce mil por noche. Treinta y seis mil en total. Y en 1990, ochenta mil personas en el Estadio Nacional cantaron con él, como si de eso dependiera el futuro.
Allá, la música todavía es una forma de memoria.
Aquí, a veces parece apenas un ruido de fondo.

Por más que Johannes se esfuerce gritando que Silvio es mejor que todos —menos que La Forma— no va a cambiar nada. Este es un país sin eco, sin sombra de un pasado común, sin el intento de un sueño compartido. Aquí cada quien por su lado, o con los de su lado, que viene a ser igual.

Por eso mis amigos no se unen por la música. Se unen por el alcohol.
Ahí sí.
En eso sí.

Ya con trago, todo pasa.
Ya con trago, pon lo que sea: reggaetón, trova, cumbia, silencio.
Todo entra, todo baila.
Pero luego viene el silencio. Y la resaca.

Aunque, si valió la pena, la resaca no duele.
Duele el vacío que viene después.
Duele saber que afuera hay pueblos donde aún se canta en coro,
y aquí apenas balbuceamos.

Ahora mismo necesito un trago.
Poner a Silvio.
Y salir al mundo
a rodearme de lobos.